29 noviembre 2009

PERFORMANCE «Pasodoble», de MIQUEL BARCELÓ Y JOSEF NADJ.

Caballerizas Reales de Córdoba, Octubre de 2009.
Realizado en barro blando y yeso. Acción que duró 45 minutos y en colaboración con el coreógrafo serbio Josef Nadj .
Para saber más, pulse aquí















13 noviembre 2009

El arte concebido y estudiado como un reflejo de las vibraciones de la cuerda espiritual de su época.


Escrito por


















Arturo Fontangordo

El arte concebido y estudiado como un reflejo fiel de las vibraciones de la cuerda espiritual de su época.
Introducción

He tenido oportunidad de acceder a un breve, pero interesantísimo, texto de mi buen amigo el arquitecto José María Rubio Anaya, que lleva por título “Aproximación al Anticlasicismo Gótico”. Se trata de unas páginas realmente sugerentes sobre filosofía del arte. En ellas, se enfoca el problema de la “ruptura” con el equilibrio clásico por parte del arte gótico como una consecuencia lógica del pensamiento medieval, teocéntrico y escolástico, enmarcándola en la búsqueda de la belleza. Cuestión esta de la belleza que trasciende las formas sensibles para acercarse, en sentido platónico y aristotélico, a la Belleza identificada con el Bien, y a la Belleza suprema con el Bien supremo, es decir, con el Acto puro, con Dios, en un ascenso intelectual hacia la Verdad, cuya tendencia está marcada en el alma del hombre.A la luz de esta reflexión, la armonía clásica griega aparece con un claro carácter antropomorfo, a la medida del hombre, mientras que el desequilibrio vertical gótico sería una manifestación de la impotencia material del artista para plasmar en su obra el verdadero orden de las cosas, que es reconocido por su alma. Al hombre de hoy, impregnado, en el mejor de los casos (sobre esto volveré luego), de espíritu clásico, este desequilibrio le llega a resultar incomprensible, pues ciertamente lo es si se prescinde de la cosmovisión que lo alumbra. Precisamente al hilo de esto, justifica el autor la relación íntima que existe entre el gótico y la obra de Gaudí, erróneamente interpretada cada vez que se obvia su condición de católico, y su intención de poner su obra al servicio de su fe.Sirva esta pequeña introducción para resumir el contenido del texto citado y para dar pie a las reflexiones personales que éste me sugirió. Reflexiones que se siguen de la tesis que intitula la primera parte del texto de José María Rubio: “El Arte como proyección del hombre”, el arte concebido y estudiado como un reflejo fiel de las vibraciones de la cuerda espiritual de su época. La Antigüedad clásicaComo decíamos, el arte clásico griego, y, por extensión, el de Roma, es una manifestación de armonía, equilibrio y proporción. Naturalmente, sabemos que estamos haciendo una tremenda simplificación con esta afirmación tan general; hubo una evolución y una serie de estilos a lo largo de los más de 1000 años que cubre este período, pero podemos considerar que el espíritu que los alentaba era muy similar, por más que su decadencia en la época helenística y en los últimos siglos del Imperio fuese evidente. La práctica religiosa en esta Edad Clásica está más relacionada con el orden social que con una verdadera búsqueda de la divinidad. Los hombres sabios, los filósofos, respetaban las creencias tradicionales politeístas más por los beneficios que, según ellos, aportaban a la polis y al Estado que porque tuviesen una fe auténtica. Es así que Aristóteles llega donde llega en sus investigaciones sobre el Primer Motor Inmóvil... El paso del mito al logos se había realizado ya, con todo lo que ello implicaba.Considerado desde esta óptica, el equilibrio clásico proporciona a la razón humana una sensación de paz y de grandeza “autocomplacida”. Autocomplacencia que se debe a que se concibe al intelecto como exento de su parte más espiritual, a la razón sin relación alguna con el alma inmortal. Efectivamente, la experimentación de la “belleza” proviene de la analogía con la Belleza suprema, pero el artista clásico no es consciente de esta relación, y construye su obra de acuerdo con una forma aferrada al canon humano de perfección, a la satisfacción sensible. La grandeza del templo clásico es una grandeza sospechosa del mismo antropomorfismo que denunciaba Jenófanes respecto al panteón griego; cabría admitir, visto así, la objeción nietzscheana, cuando califica al espíritu apolíneo como “demasiado humano”. El clasicismo es, pues, el triunfo de la razón ajena a la Revelación, plenamente justificado en este caso dada su condición precristiana.El cristianismo, con fuerza social real a partir del Edicto de Milán, a principios del siglo IV, no llega a tener tiempo de modificar estas concepciones artísticas dándoles continuidad, al producirse un cambio de era: llegan los bárbaros y arranca la Edad Media.El MedievoSi hablamos de pensamiento en la Edad Media, necesariamente hemos de hablar de Teología, de la ciencia suprema como entonces bien se concebía, a la que sirven las demás, incluyendo a la Filosofía. La Edad Media, pues, abarca desde la etapa última de los Santos Padres hasta el fin de la hegemonía de la escolástica.La cosmovisión cristiana, por mor de la conversión progresiva de los pueblos bárbaros, imperó sobre la herencia grecolatina y sobre el propio paganismo prefilosófico de los invasores. El perfeccionamiento de los desarrollos teológicos guarda una exacta correspondencia con la evolución del arte medieval:A) Primero, los diferentes artes prerrománicos, como el visigótico, el mozárabe o el asturiano en el caso de España. Más o menos toscos, intentan entroncar con escasos medios con la difuminada imagen del clasicismo que perduraba en el “subconsciente colectivo”, y se llegaban a ver influenciados en cierta medida por “culturas superiores”, como la bizantina.B) Segundo, el románico del arco de medio punto y del contrafuerte, de los muros gruesos y las ventanas chicas, del alma recia y las proporciones modosas. Representa la solidez de los cimientos, pero, a la vez, la aparición de algo realmente nuevo y con unidad de espíritu, coherente en sí mismo. Aún sin alcanzar la plenitud, es condición de posibilidad de lo que luego llegue; una especie de adolescencia necesaria.C) Por último, el arte gótico, el arte teológico por antonomasia. El arco ojival, apuntando hacia arriba, las etéreas arquivoltas sosteniendo el entramado constructivo, las vidrieras que llenan los templos de una fantasía luminosa, y las torres, esbeltas, lanzadas más que levantadas, que a punto parecen de despegar del suelo. El arte de la desproporción entre lo horizontal terrestre y lo vertical celestial; el punto de encuentro de la naturaleza caída con su Creador, hacia quien quiere elevarse. Cuando uno entra en una catedral gótica, ciertamente experimenta la sensación de alejarse del mundo. No es sólo la impresión física de grandiosidad; es un auténtico movimiento espiritual, que parece llevar al alma a cotas impensables cuando, minutos atrás, el cuerpo cruzaba un paso de peatones. ¡Qué bien se reza en una catedral gótica!Es así el gótico el consecuente lógico y natural de las formas anteriores. El gótico se “asienta” en el románico, algo que es literalmente cierto en muchas construcciones, donde, lo dilatado de su construcción, hizo combinar los estilos.Su explosión en el siglo XIII coincide con el período de mayor esplendor de la escolástica, una de las mayores cimas del pensamiento humano, cuando los sabios cristianos fueron capaces de dejar perfectamente dibujado para la historia el camino filosófico en el que se aunaban, como piezas del mismo rompecabezas que son, Fe y Razón. Llegados a este punto, no se extrañará el lector si afirmamos que no encontramos que sea meramente casual la coincidencia en el tiempo del declive gótico con el ocaso escolástico del siglo XV. Ambos fenómenos van de la mano; ambos gigantes sucumben ante una nueva cosmovisión que supone un giro copernicano respecto al mundo medieval.La Edad Moderna: Renacimiento, Barroco y NeoclásicoA partir del Quattrocento italiano, el veneno del antropocentrismo se instala en las conciencias de las clases cultas de una parte importante de Europa. No es este el lugar de profundizar en las causas y manifestaciones externas de este cambio radical. Durante los siglos XV y XVI, España fue prácticamente la única nación europea que, gracias al excepcional celo de sus católicos monarcas, conservó íntegramente su Fe, y mantuvo las escuelas de pensamiento en Teología, Derecho, Filosofía, etc., plenamente conformes a la doctrina de la Iglesia.Sigue, por ende, sin ser casualidad, que la edificación y, en general, el arte religioso en España continuase siendo clarísimamente preponderante sobre el civil (lo que no sucedía en la Italia de los mecenas y condottieri), y que las influencias renacentistas pasasen prácticamente desapercibidas, sustituidas por estilos autóctonos, como el gótico flamígero, el herreriano o, incluso, el colonial en América. ¡Cuántas veces hemos oído despreciar estas formas artísticas como fruto del retraso español a la hora de recoger las “modas” europeas! Si hablamos de un siglo en el que España era el centro del mundo, ¿qué sentido tiene afirmar una falacia tan bobalicona?El humanismo y el erasmismo generaron el caldo de cultivo, en Europa, que hizo posible el retorno a las formas clásicas, como consecuencia del retorno al hombre como medida de todas las cosas, como ombligo de las investigaciones especulativas. Para muchos de aquellos pensadores, la Fe en la que fueron bautizados dejó de ser el centro de sus vidas, para adoptar el papel de mero árbitro social que tenía el paganismo antiguo. Tirando del hilo, se llega a la Reforma protestante, al desgarro de la Iglesia, y a la herida abierta y supurante que sufre Occidente desde hace 500 años.Sin embargo, en Trento tiene lugar la reacción. La Reforma católica o Contrarreforma, iluminada por el Concilio y ejecutada con precisión militar por los seguidores del Capitán de Loyola, planta cara y combate de tú a tú con la nueva posición intelectual mayoritaria. En el plano militar, el combate lo mantiene España frente a la entente de potencias protestantes y a la doblez de la católica Francia.En cuanto al arte, el siglo XVII ve nacer un nuevo estilo católico, pedagógico y de lucha contra los herejes: el barroco. Supera al gótico en muchas facetas, en la escultórica y pictórica, sobre todo, como es lógico atendiendo a los progresos técnicos habidos en tres siglos, y a la preponderancia que se concederá a la representación de los santos y de escenas relacionadas con los dogmas recién definidos. Pero, entre tanto, el racionalismo, heredero del humanismo de Erasmo, Petrarca y Castiglione, se había ido consolidando con Descartes, Spinoza, Leibniz y la mecánica de Newton, que, al quedar ya definida al margen de la Teología, como una cuestión “técnica”, escapa a su control y ejerce una insana influencia en las clases educadas, que estaban siendo progresivamente dominadas por las tesis racionalistas. Así, el siglo XVIII es el siglo de la “Ilustración”; el siglo de Voltaire, Rousseau y Montesquieu; el siglo de la masonería deísta y presuntamente filantrópica; el siglo de la Enciclopedia frente a la Iglesia “oscurantista”; el siglo que culmina con la Revolución Francesa entronizando a la diosa Razón en Nôtre-Dame. El siglo XVIII es el siglo del neoclásico, el siglo de vuelta generalizada a la concepción antropocéntrica, con el imperativo categórico de Kant como telón de fondo de la nueva moral autónoma, que renuncia a la ley objetiva. El deseo de fidelidad a los modelos antiguos se vio alentado por los descubrimientos arqueológicos que a mediados del siglo XVIII asombraron a Europa, principalmente las ruinas de Pompeya y Herculano. La voluntad arcaizante se expresa sobre todo en una arquitectura civil (e incluso religiosa, como el caso de la Iglesia de la Madeleine de París) de líneas rectas y proporciones clásicas, que recupera los cinco órdenes arquitectónicos empleados por los romanos, y por unos motivos en escultura y pintura que, abandonando casi por completo la temática religiosa, vuelven a representar principalmente escenas mitológicas paganas. Entre tanto, por cierto, en España se seguía haciendo barroco, una vez más.El afán de recuperación de la Antigüedad se llegó a plasmar en los símbolos políticos: no es tampoco casual que los revolucionarios franceses reclamasen para sí la herencia estética de la República romana, ni que Napoleón hiciese lo propio con el Imperio (romano a secas; ni sacro, ni romano-germánico, que, históricamente, le quedaba mucho más cerca). Con las guerras napoleónicas, entramos en la última división histórica que plantearemos: la Edad Contemporánea. La hidra de cien cabezas: el arte contemporáneoIntentar una descripción sistemática del arte de los últimos doscientos años resulta tan complicado como abordar una historia de la filosofía de ese mismo período. ¿Qué nos encontramos al estudiar el pensamiento contemporáneo? El último sistema filosófico propiamente dicho, el de Hegel, y, a partir de ahí, un totum revolutum de idealismo y materialismo extremos, de positivismo, voluntarismo, nihilismo, irracionalismo, utilitarismo, psicologismo y existencialismo... Desde luego, no menos “ismos” de los que se encuentran en arte, hasta que ya ni siquiera con “ismos” se puede catalogar esta “hidra de cien cabezas”, como ocurre a día de hoy.Quizás, para abordar la crítica de este período no merezca la pena entrar en el detalle de desglosar cada movimiento artístico y cada línea de pensamiento, y convenga más un examen del “espíritu de la época”, del común denominador que subyace debajo del revoltijo informe. Es, posiblemente, la única manera de forjar interiormente una idea clara, una visión general, un “aroma” de lo que es el mundo de hoy y el de nuestros abuelos: el hombre como centro, el leitmotiv de los diversos retornos al clasicismo, pero ya consolidado y llevado hasta sus últimas consecuencias.Decía al principio que el hombre moderno está, en el mejor de los casos, impregnado de espíritu clásico. Es decir, en el mejor de los casos, aún no ha pervertido su gusto como para admitir las “propuestas” de los “artistas” de hoy, que buscan “la sorpresa y no la belleza”. Tengo a veces la impresión de que, con el arte contemporáneo, pasa lo mismo que con el retablo de las maravillas de Cervantes, que, por vergüenza, nadie se atreve a decir lo que todo el mundo ve, o sea, que se trata de un bodrio sin sentido. Pero estoy convencido de que aún hay una amplísima mayoría de intelectos que sigue encontrando lo bello en lo proporcionado y lo armonioso, en lo clásico; es natural que así sea.Este párrafo induce dos consideraciones. La primera, en la que coincidimos plenamente con José María Rubio, es que el hombre contemporáneo encuentra muchísimas dificultades para comprender e interpretar el gótico y el arte medieval en su conjunto. Dificultades que se deben a su formación, a su estructura mental, que es ajena a las categorías que guiaban las cabezas de aquellos artistas. Obviamente, si le es difícil entender, absolutamente imposible le será crear de acuerdo con aquella concepción, salvo excepciones, como la ya comentada de Antonio Gaudí.La segunda es que, pese a su aparente oposición diametral, en el fondo, el espíritu clásico y el espíritu moderno tienen el mismo origen: la ausencia de Dios. El primero, al buscar conscientemente la belleza, y al estar, originalmente, justificado por la falta de la Revelación, podría identificarse con la religión natural. Sin embargo, cuando dos mil años nos separan ya del Calvario, cuando contamos con dos mil años de Teología católica, y encontramos que el hombre renuncia voluntariamente a Dios como centro del Cosmos, abandonarse al clasicismo es sólo el primer paso antes de la degeneración.Es útil aquí hacer un alto en el discurso y confrontar estas afirmaciones con algunas realidades artísticas contemporáneas:


a) El Romanticismo, que, en cierta medida es una vuelta al medioevo y al gótico, no conlleva, en absoluto, una restauración del pensamiento, sino que se trata de un mero esteticismo de raíz sentimentalista, alejado de la especulación racional. En el fondo, y a pesar de su apariencia externa, sigue formando parte del “espíritu moderno”, tanto en su versión artística como en la política, que admite intrínsecamente la soberanía popular y es el origen remoto del supuesto “derecho de auodeterminación” de los pueblos.

b) El arte en los tres totalitarismos del siglo XX:

*.- El caso del comunismo es la realización práctica del racionalismo que olvida la trascendencia, llevado hasta sus últimas consecuencias: ¿para qué buscar la belleza, si no es útil, si no sirve para nada? En definitiva, el último paso del materialismo

*.- En el nacionalsocialismo encontramos la paradoja de una doctrina reconocidamente irracionalista, de una mística pagana, combinada con una estética sublime, considerada desde un punto de vista clásico, de la armonía de la línea, de la grandiosidad apabullante, del ansia de perfección. Paradoja que exterioriza la identificación íntima entre lo clásico, lo pagano y lo irracional, cuando la razón humana ya no tiene excusa para dejar al margen a Dios, Uno y Trino. *.- La democracia liberal, donde todo vale, de la que nos ocuparemos retomando la línea argumental.Cerrado el paréntesis, continuamos. Lógico fue que, al bascular por última vez el centro de gravedad filosófico hacia el hombre, primeramente se retomase la estética clásica. Una vez afianzado el cambio en las conciencias, empero, la evolución hacia el Modernismo (la suma y compendio de todas las herejías, como bien aleccionaba San Pío X) es absolutamente evidente. Si se parte del hombre como centro, del hombre como medida de las cosas, se termina necesariamente en el relativismo moral y político, es decir, en el modernismo religioso y en el liberalismo. De ese relativismo, de ese espíritu moderno, las consecuencias estéticas son exactamente las que hoy padecemos: todo vale, el arte es la “expresión emocional” del artista, no hay belleza y proporción objetivas, no hay ningún canon que respetar. El verso chirriante sustituye al soneto; el heavy metal y la música experimental a la sinfonía; los engendros del Guggenheim a Murillo; los “performances” a la danza y al teatro; las agrupaciones de chatarra a Miguel Ángel. Y, arquitectónicamente, la nueva teología se plasma en las iglesias planas, camufladas con el ambiente, asamblearias, sin vocación ascendente; en todas esas nuevas iglesias de los barrios de las ciudades, que tan poco ayudan al alma orante. Impertérritas, contemplándonos desde lo más alto de sus torres, las catedrales góticas parecen preguntarse, o preguntarnos a nosotros: ¿cuándo nos volveremos a entender

Arturo Fontangordo

24 marzo 2009

"Occidente no debe imponer su visión del mundo a otras culturas"


ENTREVISTA: PHILIPPE DESCOLA Antropólogo francés
MIGUEL ÁNGEL VILLENA - Madrid - 29/01/2009

Philippe Descola tiene ese aire inconfundible de los exploradores de buena voluntad que acuden a investigar las sociedades primitivas con ánimo de aprender de otras culturas y sin ínfulas de superioridad. Nacido en París en 1949, discípulo del célebre Claude Lévi-Strauss y uno de los mejores antropólogos culturales del mundo, procede de una familia de hispanistas en la que su abuelo le enseñó algo tan fundamental para la vida como los nombres de las flores y de las estrellas. Fruto de su conocimiento del español y de su afición por la naturaleza, el joven antropólogo Descola se marchó con apenas 25 años a la Amazonia ecuatoriana para estudiar una sociedad de jíbaros que apenas había tenido contacto con el resto del mundo.
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"En el fondo, la diversidad biológica y la cultural son lo mismo"
"Hay que parar esa loca carrera de ataques contra el medio ambiente"
"Allí me encontré con una sociedad muy primitiva", recuerda Descola en el Instituto Francés de Madrid, donde esta semana ha impartido una conferencia. "Sólo un chico hablaba unas pocas palabras de español", prosigue, "al cabo de unos meses aprendí algo del idioma nativo y empecé a comprender que en su forma de ver las cosas no existe la separación entre cultura y naturaleza. De hecho, ellos no distinguen entre humanos y no humanos porque los animales y las plantas también disponen de lo que podríamos entender como alma. Por ejemplo, muchos pueblos amazónicos no tratan a las plantas en términos utilitaristas de cultivo o de producción, sino que las mujeres mantienen una relación materno-filial con los árboles o las flores. Entretanto, los hombres se relacionan con los animales como si formaran parte de la familia".
A juicio del antropólogo, todas las cosmologías, desde las que atesoran tribus en selvas aisladas hasta las que observan las sociedades de China o de India en la actualidad, integran cultura y naturaleza. Todas, salvo Occidente. Descola, un auténtico experto en esta materia sobre la que ha publicado varios libros, argumenta que la revolución científica del siglo XVII en Europa significó la aparición de inventos, como el microscopio o el telescopio, que permitieron convertir la naturaleza en algo autónomo y observable. "Desde entonces", apunta con su tono didáctico, "nuestra cosmología ha servido como modelo para entender las cosmologías de otros pueblos. Ahora bien, nuestra cosmología no puede ser una pauta y Occidente no debe imponer su visión del mundo a otras culturas".
Sin ningún alarde de catastrofismo, pero con la rotundidad de un científico, Descola vaticina que el planeta camina hacia el desastre si no se respeta la naturaleza. "Hay que parar esa loca carrera de ataques contra el medio ambiente", sentencia el autor del libro Más allá de la naturaleza y la cultura (Gallimard, 2005), que se publicará en breve en España. En su opinión, la conciencia ecologista que se ha desarrollado en las últimas décadas ha contribuido, sin duda, a aumentar la preocupación sobre problemas como la biodiversidad o el calentamiento global. "No obstante", matiza el antropólogo francés, "nuestra forma occidental de concebir la naturaleza como algo aparte de la sociedad y de la cultura sigue marcando los esquemas mentales de la mayoría de la gente".
Para Philippe Descola, "hay que defender la diversidad biológica y la diversidad cultural porque, en definitiva, son lo mismo". "Para vivir en un mundo donde valga la pena vivir", señala, "debemos sorprendernos por una enorme diversidad de respuestas a distintos desafíos. Esa aspiración a dejarse sorprender es aquello que da sabor a la vida y que actúa como un antídoto contra la uniformidad y la rutina". Cuando se le pregunta por lo que aprendió de los indios amazónicos, Descola no vacila: "Que cada día amanece para ellos con una total virginidad".

14 marzo 2009

LA EDUCACIÓN EN LA NUEVA ERA





















SINOPSIS, para un taller encontrado por internet. (Buscar la referencia con el título de est entrada.)
El siguiente cuadro sinóptico, dividido en tres secciones, está destinado a dar al estudiante una captación comprensiva de las ideas sobre las cuales se basa la enseñanza de la Nueva Educación.
No es un índice, sino que da una visión sobre la naturaleza de los resultados que podrán obtenerse.
La Sección Una, desarrollada en este libro, sienta las bases para la Sección Dos que aparece en la obra Tratado Sobre los Siete Rayos, Tomo V, que es parte de una enseñanza más avanzada. La sección Tres completa la tesis agregando la Ciencia del Servicio, meta de toda esta empresa.

Sección Una: Los objetivos de la Futura Educación.
I. Desarrollo Cultural de la Raza
II. Próximo Paso en el Desarrollo Mental de la Raza.
A. Presente período de transición.
B. La Era Acuariana
III. La cultura del Individuo, con el fin de que se convierta en :
A. Un ciudadano inteligente en los dos mundos.
B. Un padre inteligente
C. Una personalidad controlada y dirigida.


Sección Dos: El Antakarana
A. El puente entre los tres aspectos de la mente:
........... 1. La mente concreta inferior, el sentido común receptivo.
........... 2. La mente individualizada o el alma, el Ego espiritual.
........... 3. La mente abstracta superior, o el agente de la intuición.
B. El agente del alineamiento entre
........... 1. La mente y el cerebro, o el hombre en los tres mundos
........... 2. La personalidad y el alma.
II. La Técnica de la Construcción del Antakarana.
A. Su construcción hasta la época actual.
B. La tarea inmediata que tenemos por delante
C. Los métodos de los siete rayos empleados en este proceso constructivo
III. El Antakarana y la Nueva Educación.
A. Los resultados prácticos de la nueva técnica serán:
.......... 1. Inducir a la plenitud, o a la capacidad de ver la vida en su totalidad.
.......... 2. Fomentar el sentido de la síntesis y, por lo tanto, el espíritu grupal.
.......... 3. Desarrollar la intuición y la capacidad de establecer contacto con el mundo de las ideas.
.......... 4. Entrenar la voluntad, especialmente, la voluntad al bien.
B. Los resultados místicos serán:
1. El desarrollo del sentido místico y la comprensión mística de la dualidad.
2. El reconocimiento de un nuevo objetivo que consiste en:
..................a. Integrar la personalidad
..................b. Obtener la visión del alma o yo central
C. Los resultados ocultos serán:
.......... 1. El logro de la unificación o de la identificación de la personalidad con el yo central, el alma
.......... 2. El entrenamiento de la mente se convertirá entonces en un intermediario entre el alma y la personalidad.

Sección Tres: Las Tres Ciencias Principales de la Era de Acuario
I. La Ciencia del Antakarana.
A. La comprensión mística de la dualidad.
..........1. El problema de la personalidad integrada.
......... 2. La visión del alma, el yo central.
......... 3. El problema místico.
B. La identificación oculta o unificación.
.......... 1. La integración del alma y la personalidad.
.......... 2. La mente como intermediaria.
.......... 3. El problema del equilibrio o la estabilidad.
C. Aplicación de estos conceptos a la necesidad inmediata de la educación
II. La Ciencia de la Meditación
A. La meditación como técnica de la educación.
..........1. El correcto control de la mente.
......... 2. Las dos funciones de la mente.
......... 3. La mente a medida que construye el antakarana.
B. La meditación en el mundo de las ideas.
.......... 1. El poder de intuir.
.......... 2. La sensibilidad y respuesta a las impresiones superiores.
.......... 3 La función y difusión de las ideas.
C. El desarrollo de la continuidad de conciencia.
.......... 1. La continuidad de la personalidad.
.......... 2. La continuidad y la inmortalidad.
.......... 3. La continuidad y la iniciación.
III. La Ciencia del Servicio
A. El servicio como resultado del contacto con el alma.
B. El servicio como colaboración con el plan.
C. El servicio como técnica de desarrollo grupal.
D. El desarrollo del sentido del servicio en el futuro.
E. La aplicación del concepto de servicio a nuestros planes modernos de educación.

ÍNDICE
PREFACIO
TENDENCIAS EDUCATIVAS EN UNA CRISIS MUNDIAL
RESUMEN DE UNA DECLARACIÓN HECHA POR EL TIBETANO

CAPÍTULO I
EL OBJETIVO DE LA NUEVA EDUCACIÓN
Introducción
Respuestas a algunas preguntas
Teoría, Métodos y Objetivos
Coordinación e Integración

CAPÍTULO II
DESARROLLO CULTURAL DE LA RAZA
Civilización y Cultura
Proceso del Desenvolvimiento
Naturaleza del Esoterismo

CAPÍTULO III
EL PRÓXIMO PASO EN EL DESARROLLO MENTAL DE LA HUMANIDAD

Presente Período de Transición
La Era Acuariana

CAPÍTULO IV
LA CULTURA DEL INDIVIDUO
Punto de Vista de la Ciudadanía
La Situación Mundial y las Ideologías
Razones de la Actual Inquietud Mundial
Punto de Vista de la Paternidad
Tendencias que Indican Desarrollos Futuros
Punto de Vista del Control de la Personalidad

CAPÍTULO V
LA CIENCIA DEL ANTAKARANA
Como preparación para lo que los estudiantes deben dominar, quisiera destacar ciertos puntos y clasificar la información ya dada.
La Ciencia del Antakarana no es fácil de aprender, por las razones que expondré a continuación.
Las razones que señale deberán ser aceptadas por los estudiantes como una hipótesis previa a todo trabajo que se trate de emprender.


-------------------1. La Ciencia del Antakarana está relacionada con todo el problema de la energía, pero especialmente con la energía manipulada por el individuo y las fuerzas mediante las cuales él se relaciona con otros individuos o grupos.
Para mayor claridad denominaremos:
a) ENERGÍA: a todas las fuerzas que afluyen al individuo desde cualquier dirección y origen. A estas energías principales frecuentemente se les ha dado el nombre de "sutratma", "hilo de vida" o "cordón plateado".
b) FUERZA: a todas las energías que -después de la debida manipulación y concentración- el individuo o el grupo proyecta hacia cualquier dirección y con muchos posibles móviles, algunos buenos, pero la mayoría egoístas.

--------------------2. La Ciencia del Antakarana, hablando técnicamente y para el propósito grupal, es especialmente la ciencia de la manifestación de la luz, que da como resultado la revelación y los cambios consiguientes.
Debe recordarse que:
a. La luz es sustancial, y desde el punto de vista del espíritu es una sublimación o forma superior de sustancia material.
b. La luz es también la cualidad o la característica principal del alma en su propio reino, y del cuerpo etérico (eventualmente un reflejo del alma) en los tres mundos de la evolución humana.
c. La ciencia que estamos considerando tiene por objeto fusionar las luces inferiores con las superiores, de manera que brille una sola luz en la manifestación física, lográndose, por consiguiente, una síntesis de la luz.
d. Hablando técnicamente, existen dos cuerpos de luz, el cuerpo vital o etérico, y el vehículo del alma. Uno de ellos es el resultado de eones de vida, que con el tiempo se transforma en un poderoso receptáculo de energías, reunidas por una amplia serie de contactos, aunque están condicionados por el tipo de rayo en sus tres aspectos.
Existe el cuerpo etérico, y actualmente está funcionando poderosamente.
El cuerpo del alma se está construyendo lentamente y es esa"casa, no hecha con las manos, eterna en los cielos" a que se refiere el Nuevo Testamento (II Co.5-1). Es interesante observar que el Antiguo Testamento se refiere al cuerpo etérico (Ecls. 12-6,7) y su construcción, y que El Nuevo Testamento trata de la construcción del cuerpo espiritual.

-------------------- 3.- La Ciencia del Antakarana debe estudiarse de tres maneras:
a. Concretamente y en relación con el cuerpo etérico, que es una forma sustancial tangible y que la ciencia moderna comienza a reconocer (aunque todavía no es admitido universalmente).
b. Egoicamente y en relación con el alma y el "cuerpo de luz", con el cual el hombre espiritual debe actuar en el mundo de las almas y que - cuando se ha mezclado y fusionado con el cuerpo etérico- produce la manifestación de la divinidad sobre la tierra, en mayor o menor medida de acuerdo a la amplitud de la fusión y al reconocimiento consciente que tenga el individuo de la fusión lograda.
c. Abstractamente y en relación con el conocimiento-sabiduría, dos palabras utilizadas en relación con la fuerza y la energía, y su utilización por el individuo en su medio ambiente y en sus contactos.
Reflexionen sobre estas palabras. Se darán cuenta cuán necesario es que exista la capacidad de pensar en forma abstracta, antes de poder comprenderse las verdaderas implicaciones de esta nueva ciencia.

-------------------- 4. La Ciencia del Antakarana se refiere al problema de la continuidad de la conciencia y al problema de la vida y de la muerte.

Gaia. La Tierra viviente.


Lawrence E. Josephprólogo de Godofredo Stutzin
En "Gaia, la tierra viviente", el autor presenta la primera visión objetiva de uno de los debates científicos más excitantes y polémicos de este siglo. Un examen a fondo de la controvertida hipótesis, documentado con entrevistas directas a Lovelock, Wallace, Margulis, etc.
Verdadera o falsa, la hipótesis Gaia ha ganado resonancia y credibilidad mundial y cada día crece el interés por las soluciones que propone para sanar el medioambiente y mantener viva a la Madre Tierra.
"La tierra es un organismo viviente". Esa asombra hipótesis, propuesta hace veinte años por el químico británico James Lovelock y vigorosamente apoyada por la microbióloga estadounidense Lynn Margulis, sostiene que durante 350 millones de años los microbios, las planteas y los animales han coevolucionado con su ambiente como un superorganismo globalmente integrado.
Lawrence Joseph, periodista científico, residente en nueva York ha hecho un labor magistral al mostrar en forma amena, inteligente e imparcial, el tortuoso camino seguido por una idea improbable e increíble que, con ribetes ecológicos y hasta teológicos, se está convirtiendo en una de las más grandes y originales ideas de nuestro tiempo.
En el momento actual en que nuestro Cono Sur evidencia un inminente cambio climático que se hará extensivo a todo el globo, la Hipótesis Gaia, verdadera o falsa, perece estar influenciando significativamente el modo en que algunos de nuestros científicos, junto a los de Europa, Estados Unidos y Japón, están urgiendo el estudio de las ciencias ecológicas y propugnan la implantación por los gobiernos mundiales de medidas de protección ambientales que deben tomarse ahora, por que mañana puede ser demasiado tarde.
título original:Gaia,The growth of an ideatraducción deRenato Valenzuela2da edición, 199715 x 23 cm., 310 págs.encuadernación rústicaEditorial CuatrovientosISBN: 956-242-004-3




El Reencantamiento del Mundo


Morris Berman
Primer volúmen de su trilogía sobre la historia de la conciencia occidental (junto con Cuerpo y Espíritu e Historia de la Conciencia).
9ª edición, 2004 (30 págs. de notas, glosario e índice analítico)
"El libro de Morris Berman " El reencantamiento del mundo" en su introducción, "Introducción Pasaje Moderno " y en su primer capítulo, "El nacimiento de la conciencia científica moderna", permite al lector un verdadero recorrido de lo transcurrido del siglo XVI al presente. Si bien el autor remarca una u otra contradicción entre diferentes filósofos modernos, por ejemplo, entre Bacon y Descartes, también logra entretener a quién lo lee, sobre y entre ellos, que existe alguna que otra relación principiante. Morris Berman da a conocer ,el gran cambio que se llevó a cabo con la Revolución Científica , y por lo cual se abrió el nuevo interrogante de "cómo " pasan los fenómenos. Por lo tanto, ya no se busca el " por qué" suceden estos últimos .Si bien este tipo de interrogante hace referencia al estudio de la psicología infantil de Piaget , sólo quedará averiguar el modo en qué se producen o pasan los hechos. Sus lectores se reencuentran con un mundo que tiene un sentido más amplio, porque el que existía o había antes de leer el mismo les brindaba una visión estrecha, que tan sólo podía dar puntos de vista o respuestas al interrogante "por qué" Este libro es "un intento de captar la era moderna, desde el siglo XVI al presente , como una totalidad , y encontrar un punto de confluencia con las presuposiciones metafísicas que definen este período". Es decir, este logro se da si hacemos una búsqueda muy profunda y minuciosa de las leyes de los representantes de esta época modernista. Esta búsqueda del "por qué "del surgimiento de los fenómenos se traduce en dos tipos de respuestas que provienen de dos culturas: la griega y la judía. Por otro lado , el desencantamiento de la religión tiene un factor de eliminación que es la cuestión de lo sensual porque no sólo se pierde la esencia de lo teológico sino también el poder de la religión se disminuye en la conciencia del hombre."
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Excelente introducción al pensamiento y la obra de Gregory Bateson, este libro se ha convertido en el grito de batalla de todos aquellos que sienten en el entorno los síntomas de una enfermedad del alma que aqueja a nuestra sociedad occidental. Tras un lúcido análisis de los pasos que se siguen desde los tiempos medievales hasta la irrupción del pensamiento científico moderno y su consiguiente desencantamiento mecanicista, el autor nos introduce al gran dilema de la época contemporánea: ¿Cómo recuperar el sentido de respeto y pertenencia al cosmos que imperaba en la antigüedad, sin por eso desechar los avances actuales?
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Una definición de la nueva visión del mundo y de la cultura naciente, como la hecha por Berman, es casi un acto político pero plagado con la metástasis de las drogas y la televisión, de los tranquilizantes, el guruísmo y otras formas de contaminación, la única conclusión ha de ser que estamos presenciando los síntomas de una enfermedad del alma que sólo podrá sanar. Pero es condición sine qua non ir a los orígenes mismos de la enfermedad.
Desde su perspectiva como historiador de la ciencia, Berman analiza lúcidamente la condición presente de la civilización occidental, a la que considera en estado de colapso espiritual, social y ecológico o, en el mejor de los casos, en un peligroso estado de transición.
Luego de un prolijo análisis de la evolución de la conciencia científica moderna, surgida en los siglos XVI y XVII tras la pérdida de la conciencia participativa desde el hombre se consideraba a sí mismo parte de la naturaleza y el orden de las cosas en lugar de amo y señor del cosmos, comienza a configurarse el gran dilema de la época postmoderna y contemporánea. ¿Cómo recuperar lo deseable de la antigüedad sin desechar los avances actuales ? ¿Será posible enfocar este dilema sin necesidad de arrasar con toda la tradición intelectual de occidente ? La verdadera ciencia debe tener un fundamento orgánico y holístico. Para sentar las bases metafísicas de una ciencia holística, Berman se apoya en la obra de los autores como Jung, Reich, Whitehead, Blake, Polanyi y Bateson.
Este libro está destinado a convertirse en un aporte fundamental a la rectificación de nuestra epistemología mecanisista como también a la introducción del nuevo paradigma que sostiene que nosotros los humanos somos un parte integral de la vida, del planeta Tierra y del Universo y que la ocupar una posición central en el drama creativo universal, nos hace directamente responsables de nuestro destino y del destino de nuestro planeta.
título original:The Reenchantmentof the Worldtraducción deSally Bendersky yFrancisco Huneeus9a edición, 200415 x 23 cm., 344 págs.encuadernación rústicaEditorial CuatrovientosISBN: 84-89333-20-3
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