07 enero 2013

PALENQUE 2012, Relato vivencial del 21 de diciembre de 2012



ALL WE NEED IS LOVE





Todo lo que necesitamos es amor. Y los encargados de traerlo a la Tierra somos nosotros mismos. Yo que escribo esto y tú que lo lees. Nuestra generación es la encargada de materializar el amor en la Tierra. Somos aquellos que hemos estado esperando como salvadores. Nosotros somos los ancianos de las profecías. Ya llegamos y estamos dándonos cuenta de nuestra identidad y de nuestro propósito.


Esto me acaba de pasar a mí. Y espero que gracias a la aventura de película que viví este 21 de diciembre de 2012 en Palenque lograré mantenerlo presente en mi memoria. Para eso escribo este relato y también para compartirlo con otros ancianos, como tú que lo estás leyendo, para que también te reconozcas como tal, si es que aún no lo haces...


Eres un alma vieja, tu espíritu es el anciano. Imagina que eres todo amor y que simplemente lo has olvidado. Imagina que las circunstancias externas te ayudan a recordarlo porque protagonizas un capítulo de tu vida que parece sacado de una película, un capítulo en el que recibes y ofreces mucho amor en una circunstancia bastante fuera de lo normal...

Lo que te voy a contar es lo que yo experimenté la noche que precedió a la alineación cósmica que dio fin a la cuenta larga de los mayas que dura alrededor de 26 mil años. Lo viví junto con mi novio. Yo nací en México, él en Perú y ambos quisimos ir a celebrar este evento en torno a las ruinas mayas de Palenque.

Fuimos muchos los que compartimos la misma idea. Coincidimos allí con varias personalidades como Gregg BradenDrunvalo Melkizedek, los simpatizantes del Movimiento 13 Lunas, inspirado en el Sincronario Maya de José Argüelles y las más de 5 mil personas de varios países del mundo que visitaron en algún u otro momento el campamento Rainbow organizado por la "familia arcoíris".

Perpetuando el espíritu hippie de las comunas de los 60s, desde 1972, cada año escogen un terreno grande en un entorno natural para que puedan acampar todos los que quieran convivir unos días o unas semanas. Hay un equipo de organización y cocina. La gente llega y se instala con su caravana o tienda de campaña. Lleva 40 años realizándose alrededor en diferentes lugares del planeta. Este año decidieron organizarlo en un paraíso natural en la selva cercana a la ciudad de Palenque.


Mi novio y yo llegamos el jueves 19 de diciembre por la tarde a la estación de autobuses de Palenque. Leímos en un periódico local que el día anterior se avistó por la noche una luz azul y se oyó un gran estruendo.
Decidimos hospedarnos en el Panchán, un conjunto de restaurante, bares y cabañas en la selva, justo al inicio de la pequeña carretera del Parque Natural que conduce hacia las ruinas mayas.

Por la noche salimos a caminar y terminamos charlando con los guardias de la zona arqueológica, quienes habían observado esta misteriosa luz que describieron como la caída de un cometa y nos contaron acerca de una esfera de luz que sale entre las pirámides y otras cosas que ellos han visto durante los últimos años.

Al día siguiente visitamos las cascadas de Agua Azul y participamos en una ceremonia de wachuma.

Por la noche, en nuestra cabaña del Pachán había mucho bullicio debido a la música de los bares. Así es que, a pesar de que llovía bastante, decidimos volver a caminar hacia las ruinas. Queríamos saludar de nuevo a los guardias y preguntarles acerca de los rumores de que no abrirían al público la zona arqueológica al día siguiente para evitar que se dañaran las ruinas mayas con la afluencia de visitantes. Nuestros amigos de la noche anterior no estaban, pero otro guardia nos desmintió el rumor.


Una amiga me comentó que había una pequeña reunión en el jardín de la zona de camping del Mayabel, el hotel más cercano a las ruinas. Sólo me dijo que se trataba de una velación de un fuego ceremonial que los indígenas mexicanos (que acá llamamos "gente de la tradición") querían llevar al evento a realizarse en la zona arqueológica al día siguiente.

 Me imaginé que con tanta lluvia el fuego se habría apagado. Por eso, cuando nos aparecimos por el jardín del Mayabel con la intención de saludar a mi amiga, nos sorprendió mucho ver un círculo de gente bajo la lluvia, alrededor de un fuego que parecía estar invisiblemente protegido contra el poder extintor del agua.

El pequeño grupo estaba integrado por aproximadamente 30 a 40 personas, entre las que por cierto, no estaba mi amiga... Los encontramos entonando un mantra. Nos pidieron que nos incorporáramos al círculo y recibimos una cálida bienvenida. Al entrelazar nuestras manos, el hombre que estaba a mi lado me saludó emocionado y unimos brevemente nuestras frentes como reconocimiento mutuo.

Cuando terminamos de entonar el mantra algunas personas espontáneamente fueron pidiendo permiso para cantar. Los demás le seguíamos cuando la letra era fácil o se prestaba a la repetición. La lluvia a veces se suavizaba y a veces arreciaba un poco. En el escaso resplandor del fuego alcancé a ver algunos rostros con rasgos mexicanos y muchos extranjeros. Incluso vi un chico de piel blanquísima con un extraño gorro cónico que tenía toda la pinta de extraterrestre encubierto, jaja.

Pero definitivamente lo que más me impresionó fue estar observando un fuego encendido bajo un aguacero... No daba crédito de lo que veían mis ojos... Todos estábamos empapados. Vi a alguien exprimiendo su chaqueta que chorreaba muchísimo. Yo exprimí un poco los bordes de mi camisa y estaba igual.
Pero el fuego, como si nada...


Estaba en medio de una especie de flor de cuatro pétalos trazada con piedras. Un hombre que supuse era un guardián del fuego de la tradición mexicana lo alimentaba y lo cuidaba. En algún momento pidió ayuda para traer troncos y en ocasiones nos hacía alguna observación para que mantuviéramos el círculo y dejáramos respirar al fuego. Había otra chica vestida de blanco con una cinta roja en la frente que nos instaba a mantener cierta simetría y la energía fluyendo intercalándonos un hombre y una mujer con la mano derecha dando y la izquierda recibiendo.

El hombre del fuego traducía gran aparte de lo que decía al inglés. A algunos chicos les llamó la atención porque no estaban manteniendo el círculo cerrado. Les dijo que no era un espectáculo turístico. A otro que pidió la palabra en otro momento y nos instó a que no lucháramos contra la lluvia para permanecer en armonía, lo interrumpió para explicar que en esos momentos, sí se trataba de una lucha por mantener el fuego encendido.


Yo lo estaba viendo más como una diversión y entendía que si el propósito común al que nos habíamos unido era mantener el fuego vivo, lo que decía el chico era correcto. En momentos había una gran unidad sonora y rítmica y coincidía con menos lluvia. En los cambios de canciones o de ritmos que no lográbamos sostener todos juntos, la lluvia parecía arreciar, así es que evitar la desarmonía ayudaba a mantener el fuego con vida. Y me gustaba más hacerlo sin tensión, como un juego, sin pensar que estaba luchando contra algo...


En algún momento, el hombre de fuego me pasó los palos con los que él había estado tocando un gran instrumento mexica de percusión llamado huehue. Durante unos minutos estuve haciendo ritmos sencillos y potentes mientras agradecía al universo la oportunidad de estar viviendo justo lo que pedí experimentar en Palenque: ¡un 21 de diciembre emocionante y transformador!

Horas antes me dolió mucho la cabeza y estuve a punto de quedarme dormida (y seca) en la cama. Sin embargo, por haber seguido mi corazón que quiso seguir al de mi novio que deseaba salir en plena lluvia, me tomé una aspirina y ahora estaba allí sin ningún dolor, empapada y feliz divirtiéndome con otr@s hermanit@s que acudieron al mismo llamado que nosotros.
La lluvia estaba muy leve y todos muy armonizados cuando mi novio pidió permiso para tocar su quena.


 Justo cuando estábamos iniciando una genial canción del terapeuta del sonido Antonio Kuzelman, dedicada a dar gracias a la Pachamama, un hombre con apariencia de indígena mexicano entró dentro del círculo, habló algo con el hombre del fuego y pidió silencio. Al tomar la palabra estaba muy exaltado, nos explicó lo que él y otras gentes de tradición que habían organizado ese fuego ceremonial pensaban: que si se apagaba, las fuerzas de la oscuridad reinarían en la próxima era. 

Y que, por el contrario, si se mantenía con vida, la luz triunfaría y habría grandes augurios de paz y felicidad para el futuro.
A mí esto me sonó a superstición. Igual que antes de la llegada de los españoles a las tierras mexicas y mayas, cuando se celebraban sacrificios humanos pensando en que si no los hacían, el sol no saldría al día siguiente...


 Hace siglos que no se hacen y aún así el sol sale diario y ya nadie se asusta los días nublados pensando que tiene que hacer algo para que el sol vuelva a salir... En todo caso decidí no juzgar sus creencias y compartir simplemente esos momentos con ellos, en vista de que no estaban pensando matar a nadie jaja. Sin embargo, el ambiente se puso un poco tenso y como respuesta de la materialidad a nuestras emociones, comenzó a llover muy fuerte. Y viceversa.

Sintonizarse con la responsabilidad cósmica de estar manteniendo una lucha por la salvación de la humanidad a través de la salvación de un fuego, de ser posible, provocaría bastante temor o mínimamente cierto grado de tensión. Creo que eso es lo que en esos momentos estaban contagiando las palabras de ese hombre anciano en el grupo, incluso entre los extranjeros que no comprendían el español. Supuse que por eso la lluvia había arreciado cuando ya casi la teníamos controlada, jaja.

Entonces recordé y comprendí con mayor profundidad una parte de Un Curso de Milagros, mi libro favorito. En algún capítulo habla acerca del deseo de ser especial como el deseo que dio origen al simulador planetario en el que estamos viviendo. La teoría de este libro es que la Energía Creadora Original, que como arquetipo sería un Dios o una Diosa de Amor Todopoderoso, que sólo es capaz de crear a su imagen y semejanza, creó un hijo o un descendiente (nosotros) igual de todopoderoso que su Padre/Madre. Y fue este hijo (nuestro ser colectivo) quien utilizando sus Súper Poderes, creó los simuladores planetarios en los que vivimos atrapados en nuestra propia mátrix para poder experimentar lo único que un Dios Todopoderoso es incapaz de experimentar, o sea limitación y fragmentación.


Y todo porque quisimos experimentar qué se siente ser especial, qué se siente ser diferente, qué se siente considerarse mejor que alguien y ser rey, reina, presidente, jefe, héroe, salvador planetario o lo que cada quien quiera sentirse; porque para poder experimentar cualquiera de esas cosas, hace falta que otros sean menos que uno, o sea, pobres, feos, enfermos, empleados, fans, enemigos, malos... diferentes y comparativamente inferiores y por lo tanto, dignos de ser rechazados en vez de incondicionalmente amados y considerados como iguales.

Por eso, nosotros que en verdad somos dioses, lo hemos olvidado para poder jugar el juego de ego o soñar el sueño de la matrix durante vidas, alternando estos papeles de buenos y malos los unos para los otros, para que cada quien en algún punto tenga la oportunidad de sentirse bueno y especial o malo y culpable.

La culpa y el deseo de ser especial van de la mano. Culpa quien juzga a otro como digno de ser rechazado por algo. Y al juzgar como supersticiones las creencias de mis hermanos en esos momentos, me estaba separando de ellos.

En ese punto recordé también una de las 13 meditaciones de los ritos de pasaje que el grupo de los Hijos del Sol hicieron como preparación para el 21 de diciembre. En alguna parte recomendaban que en caso de que perdieras tu centro por juzgar, tenías que decirte a ti mismo algo como esto: "No estoy ni a favor ni en contra de esto que estoy presenciando.

 Simplemente estoy aquí ahora. Presente. Siendo testigo de esto, ofreciendo y disfrutando mi amor incondicional hacia todo y hacia todos."

Lo repetí un rato como mantra y cambie de nuevo al canal del amor y entonces sentí mucha ternura al ver que el anciano había vuelto a tomar la palabra. Esta vez estaba llorando conmovido. Estaba seguro de que nuestra presencia, nuestra energía y nuestros cantos estaban ayudándoles a ellos en su misión de mantener el fuego con vida.


El abuelo estaba muy agradecido con todos los que estábamos esa noche en el círculo y nos exaltaba a seguir comportándonos como jóvenes guerreros, que en vez de haber elegido estar en un bar emborrachándonos (en la cama sufriendo, jaja) o perdiendo el tiempo en cualquier otra cosa que nos impidiera tomar conciencia de nuestra misión en esta vida, habíamos decidido estar allí esa noche, resistiendo el frío, la lluvia y el cansancio, sacrificándonos en la lucha por la luz...


Yo no lo veía así para nada, jaja. Desde mi perspectiva yo era la agradecida. No me sentía nada cansada, tenía mucha energía y para mí no era un sacrificio estar allí formando parte de un grupo de jipis chamanosos y amorosos haciendo algo que de por sí me fascina, que es cantar, bailar y estar muy divertida compartiendo la noche con mi novio en vísperas del fin de era. No sentía frío en ese amable clima de la selva cálida y la lluvia era una experiencia sensorialmente agradable. La noche del 20 estaba siendo toda una aventura que es justo lo que quise venir a experimentar. Y supongo por algo similar coincidimos allí todos los aventureros presentes deseosos de vivir el aquí y el ahora.


Cada quien habrá tenido sus procesos mentales. O no. Jaja. Quizá otros no se enteraron mucho de lo que dijo el anciano o no pensaron en ello. El caso es que yo viví mi aventura con intensidad, logré abandonar los juicios de mi mente y mantenerme enfocada en el presente, en los cantos, en la armonía. Y así lo hicimos todos durante toda la madrugada. La lluvia continuó, en general más suave, con sus momentos de intensidad que nos hacían regresar al enfoque y la unidad.

A las 5:11 am, hora exacta de la conjunción astronómica considerada el fin de la cuenta larga, yo estaba llorando de éxtasis. Viendo el fuego encendido, entonando y escuchando cantos armónicos. Sintiendo que si la vida es un sueño, yo acababa de soñar una escena en la que se había roto la matrix, donde estuve velando un fuego al que no apagó el agua durante toda la noche; un fuego considerado sagrado, símbolo de que la paz finalmente se instauraría en la tierra al inicio de esta nueva cuenta larga del tiempo.


Sentí que ese milagro era una prueba de que Dios/Diosa quiere que recordemos quienes somos, que todos somos iguales, que todos somos uno, somos Amor, somos Todopoderosos y no tenemos enemigos. Sólo estamos soñando que las diferencias de cuerpos y de creencias nos separan, nos hacen rechazar a unos y preferir a otros; cuando en verdad nos amamos profundamente unos a otros.


Sentí ese amor profundo en mi corazón por TODOS; por TODA la Creación. Y no es la primera vez que lo siento, sólo que lo olvido y no lo mantengo presente, jeje. Sin embargo, ahora comprendí que ese fuego representaba mi propia energía crística (o búdica), allí presente, encendida siempre, a prueba de lluvia. Sentí que ya nada, nunca, la podía apagar y que así había sido siempre, para siempre, desde siempre.

 Que ese evento externo me lo estaba confirmando por fuera, para que viera que la voluntad de Dios/Diosa para esta nueva era es el retorno a la cordura, el retorno a la paz y a la conexión con la inocencia de nuestro niño interior. Eso era un hecho y por eso el fuego no se apagó. Nosotros sólo fuimos testigos.
El hecho es que el fuego permaneció con vida a la intemperie a pesar de toda una noche de lluvia y estuvo encendido a las 5:11. Y seguiría encendido el tiempo que fuera necesario. Esa era una evidencia que atestigüé en estado de éxtasis aportándome la certeza que me faltaba.

Lloré lágrimas de agradecimiento a los hombres que organizaron esa velación del fuego y me dieron la oportunidad de experimentar esta transformación. Este paso de la creencia, de la teoría, de la fe, hacia la certeza.

Dos noches después encontré a mi amiga y me comentó que ella había estado cerca en una ceremonia de jícuri, velando también, enviando amor y bendiciones a la tierra. Ella y otros tomaron el relevo por la mañana. Danzaron y cantaron cinco horas más velando el fuego bajo la lluvia en el área de los murciélagos dentro de las ruinas de Palenque.

La sincronicidad hizo que mi novio y yo coincidiéramos justo por esa zona con otro amigo por la mañana del día siguiente, el 22, ya sin lluvia y con un sol espléndido.

Al atardecer nos fuimos juntos en su coche al Rainbow y asistimos a otra ceremonia alrededor de un fuego donde volví a llorar de alegría por lo que para mí fue la segunda parte de la noche de velación del fuego y que a continuación voy a relatar porque me hizo comprender en mayor profundidad la trascendencia de lo que atestiguamos.

Al inicio de esa ceremonia en el Rainbow, unos chicos que parecían elfos nos limpiaron con incienso, plumas y el sonido de un didgeridoo, luego hicimos una ofrenda de tabaco en el fuego proyectando en él nuestros deseos de que los Rainbows continúen otros 40 años más por lo menos y que mucha gente tenga la oportunidad de experimentar cómo es vivir sin ser rechazado o juzgado, y por el contrario, siendo ayudado y bien recibido, como me comentó una amiga a quienes sus vecinos de camping le cubrieron con plástico su tienda la noche del fuego ceremonial para que no se le mojara con tanta lluvia.


 Pequeños gestos de consideración que hacen que el otro se sienta respaldado y seguro. Excursiones fuera del egoísmo que nos llevan a pensar en los otros y procurar su bienestar tanto como el nuestro. Que todos estemos bien. Esa es la esencia y práctica del Rainbow. A toda la gente de todos los colores, de todas las razas, de todos los credos se le da la bienvenida a casa.

Y la casa de todos es cualquier lugar bello en la naturaleza. Y éste de Palenque era en verdad bellísimo, junto a unos riachuelos en donde la gente nadaba desnuda o con ropa, como cada quien prefería. Aquí todo el mundo vive y deja vivir al otro. Le permite vestirse como quiera o no vestirse en absoluto. Nadie se siente agredido o incómodo por la desnudez de otros, ni se siente obligado a desnudarse para sentirse aceptado. La aceptación y la integración son verdaderamente incondicionales.

Van muchas personas "normales" y muchas que en otros contextos podrían ser excluidas y aquí reciben total inclusión y consideración. Gente con deformidades físicas, con cuerpos espectaculares. De todo, con todo tipo de creencias religiosas y espirituales. Alrededor del fuego vi a un chico con el torno desnudo que parecía Jesucristo, a su lado un chico de raza negra con una piel de animal, otro con el rosto tatuado, chicas con rasgos asiáticos, latinos, europeos... un verdadero arcoíris de humanos.


Después de la entrega de deseos al tabaco, nos sentamos en espiral. Alguien guió un ejercicio en el que conectamos a través de la mirada con la persona que teníamos a nuestro lado y sentimos mucho amor hacia él o ella y hacia nosotros mismos.
Después hablaron algunas personas y entre ellas apareció el hombre del fuego de la ceremonia de velación y la chica de la cinta roja que fue presentada como representante de los mayas.

Entonces me enteré de que el anciano que apareció en el círculo la noche de la velación había prendido ese fuego hacía 13 días con la luz del sol y en realidad estaba esperando a otros ancianos de la tradición mexicana para que juntos velaran el fuego esa última noche y lo llevaran al día siguiente a la ceremonia de fin de era que planeaban hacer en las ruinas de Palenque. Pero esos ancianos, por alguna razón, no llegaron.
 Y el hombre estaba convencido de que el fuego se apagaría debido a la lluvia. Desconsolado y triste se fue a descansar y se quedó dormido unas horas. Al despertar y ver que el fuego estaba allí a pesar de tanta agua, se sorprendió más que nosotros, jaja.


La chica de la cinta roja nos dijo que al día siguiente, al final de la ceremonia en Palenque el anciano dijo que los abuelos sí habían acudido a la cita para velar el fuego, pero no eran los ancianos mayas que él esperaba, sino otros ancianos de la familia arcoíris, muy jóvenes, muy guerreros y de varios países.

Al escuchar esto crucé miradas con mi novio y vi que también él estaba conmovido por esas apreciaciones. Después otra chica habló en inglés, dijo que representaba a la Madre Tierra, era muy bella. Iba desnuda, cubierta sólo con un pequeño velo. Varios asistentes a la ceremonia del Rainbow estaban desnudos y también lo estuvieron algunos durante la velación del fuego, al final cuando estuvimos entonando sonidos armónicos.

Ella dijo muy sabiamente que sí, que nosotros somos aquellos que hemos estado esperando. Aquellos de los que hablaban las profecías. Y que a partir de ese momento nos tocaba compartir lo que recibimos, lo que experimentamos, cada quien a su manera, en su tierra, en sus espacios. Los que estuvimos allí esa noche velando ese fuego somos como todos los que estaban allí alrededor de ese otro fuego en el Rainbow dos noches más tarde. Éramos unos 200 y representamos también a todos aquellos que puedan estar leyendo o escuchando estas palabras, ahora o en el futuro.

Ya llegamos. Estamos viendo milagros, estamos compartiéndolos y permitiendo que ocurran también a través de nosotros cuando dejamos atrás las diferencias y ponemos el corazón al mando. Precisamente esa tarde pasamos de la teoría a la práctica y asistimos a un ejercicio de paciencia y aceptación en el que todos trascendimos las diferencias con elegancia, jaja.

Comenzó cuando un hombre tomó la palabra y dijo que todos estábamos allí para recibir al Cristo y empezó con un rollo muy cristiano, tipo predicador americano, que a otros les molestó y surgieron voces con cuestionamientos… Hay quienes pensaron en irse incluso, pero prevaleció el convencimiento de que cada quien habla de lo mismo según sus códigos y todos son válidos. Igual si se habla de Buda que de Quetzalcóatl.


Hubo de todo. Me divertí especialmente con un performance de unos hombres que leyeron un manifiesto en inglés donde aseguraban que ellos eran las hadas y venían a traernos un agua mágica anti dualidad que nos ayudaría a trascender la batalla del bien y el mal, de la luz y la oscuridad. Luego procedieron a rociarnos el agua. Una española muy divertida le dijo a uno: "Bautíceme buen hombre..." y todos nos reímos. Eran gestos simbólicos de lo que estaba ocurriendo.

Salimos de la dualidad porque nos quedamos, nos incluimos y nadie se fue. Habló otro hombre más cuyas palabras estaban causando polémica y espontáneamente alguien empezó a entonar un mantra y pronto todos le seguimos. Y así las palabras que podían habernos dividido se diluyeron. El poder del sonido nos unificó y volvimos a la armonía. Comenzó a reinar el lenguaje universal de la música y el baile.

En verdad me siento muy agradecida por haber tenido la oportunidad de atestiguar milagros, por experimentar esta convivencia intercultural e interracial plena de armonía y belleza, por haber recibido la inspiración que necesitaba para tomar mi lugar en la vida con más fuerza, por haber constatado que es posible vivir de otra manera y que somos muchos los que ya lo estamos experimentando...

Mi amigo estuvo el 21 a las 5:11 de la mañana en un evento con Drunvalo Melkizedek en el bello jardín del hotel Misiones en Palenque. Nos contó que la meditación fue muy inspiradora para todos los asistentes y que Drúnvalo dijo que apenas ahora empieza el trabajo más importante.

Hay un texto suyo que me encanta, es un llamado a los jóvenes. Dice que cada generación está recibiendo como herencia más asfalto y menos bosques; que en vez de declarar parques protegidos, debemos poner cercos a las ciudades y vigilar que nadie incursione fuera de ellas con algo que pueda contaminar la tierra o dañar a los animales. Dice que el primer paso para lograrlo es lo que nos permiten vivir los rituales y los Rainbows, reconectarnos con la tierra. Volver a desear dormir bajo las estrellas, pisar la tierra con los pies descalzos, conocer a los insectos...

Hay un planeta que espera que este mensaje sea escuchado. Los jóvenes de hoy y del mañana son la respuesta a las necesidades de la madre Tierra. Algunos de ellos han sido dotados con la solución. Son el ejército de salvación. Traen internamente una porción de esa solución. Han sido enviados para despertar. Por eso necesitan escuchar a los padres de las tradiciones. Por eso deben atender al llamado de los caracoles. Por eso cuando escuchen al tambor resonar con un ritmo melancólico deben acercarse.

 

Hay un mensaje para ustedes. Los ancianos hablan... hay que escucharlos. Ellos les hablarán en otro lenguaje que tal vez no entiendan con su mente. Pero lo entenderán con el espíritu. Porque será la madre Tierra hablando por su música. Será la madre naturaleza que los estará llamando para que despierten al recuerdo de eso que el grillo les anunció, de lo que fue insertado en el mismo ADN de sus células.

 

No hay mañana si el presente no actúa ahora. Por eso las acciones se realizan ahora. Un pensamiento, una reflexión, una meditación ahora, formará un plan mañana. Una carta, una canción, una pintura ahora, formará todo un movimiento mañana. Un grupo, una conferencia, un congreso ahora, serán las ideas que asegurarán la solución mañana. Las acciones son ahora... para poder tener un mañana.
D. Melquizedek

 

Dice que después de habernos conectado con la naturaleza y escuchado a los guardianes de las tradiciones, cuando regresemos a nuestras ciudades, se nos irán ocurriendo las ideas que realmente cambiarán la Tierra.
Y en verdad así está comenzando a ser para mi novio y para mí. Después de estas vivencias hemos tenido sueños en los que ayudamos a las familias a permitir que el amor fluya mejor entre ellos, sueños en los que salimos del egoísmo y somos más congruentes; también hemos soñado que viajamos, que hacemos rituales, que expandimos estos mensajes...

A eso nos dedicaremos. Y seguramente iremos al próximo Rainbow que haya en México o en Sudamérica, nos gustaría montar nuestra tienda de campaña y una carpa grande para recibir a los amigos compartiendo nuestra música y nuestras herramientas para inspirar a otros... ¡Espero que nos veamos por allá!

Tú que estás leyendo esto, piensa que no lo lees por casualidad, sino por sincronicidad, porque tú también eres un anciano (con cuerpo jóven o viejo, no importa). Por eso estás interesad@ en estos temas, por eso estás leyendo esto. Estás sincronizad@. Considera estas palabras como una llamada a reconocer tu propia grandeza, ya que esa es la verdadera humildad.

 Tú puedes transformarte, transformar tus relaciones con los otros y con la Tierra. Y eso transformará inevitablemente al planeta. Es más fácil de lo que parece... Creélo y verás que es verdad porque tú mism@ lo crearás.
¡Bienvenid@ al Nuevo Tiempo!

Recibe un abrazo y mucha paz.

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